Cuando
leí su carta en la cual habla del Padre Hurtado,
del Hogar de Cristo y de cómo Chile debería
hacer un gran esfuerzo para terminar con la pobreza me pareció
que se mezclaron dos cosas diferentes.
Para
mi el camino de santidad del hombre no es un camino común,
es decir, no creo que sea un camino conocido, aunque la
religión y las escrituras nos indiquen por donde
es la cosa, creo que éste se realiza en nuestra experiencia
personal, interior y no terminará sino hasta el final,
hasta los mismos pies del Creador.
Ahora
bien, creo que es verdad que un nuestra relación
con la pobreza, en nuestra posibilidad de ayudar, de servir,
de solidarizar con los que sufren hay un beneficio, es el
beneficio que produce el ser instrumento de La Voluntad
y a no ser de que la Voluntad este completa y el Plan terminado,
siempre habrá alguien que necesite ayuda (nuestra
ayuda), siempre habrá alguien pobre, alguien sufriendo
y el hecho de actuar para consolar, o ayudar en una medida
menor no nos hace cómplices del mal, mas bien nos
expone nuestra capacidad interna, nuestra luz interna.
Dar
una limosna, una palabra de apoyo, una sonrisa no resuelve
nada, excepto que nos une al Padre, nos acerca a unos y
otros y tal vez por ahí esté la solución
al problema del mundo.
Salía
del banco con un gran estado de pago para depositar en otro
banco, caminaba atento de las personas de la calle, con
los bolsillos llenos de dinero y temeroso de un asalto
frente a mi una mujer muy hermosa caminaba en la misma dirección
que la mía y casi al llegar a la mitad de la cuadra
divise a un mendigo sin piernas pidiendo limosna
.
Me molestó un poco la situación, que podía
hacer yo para mejorar su situación, no podía
detenerme, abrir el maletín y sacar dinero, eran
billetes muy grandes, no tenía monedas y él
me pediría "una ayudita".... seguro, y
no podría darle
que situación tan desagradable
ya casi al llegar a él, la mujer que caminaba delante
mío lo miró, le sonrió con una hermosa
cara llena de luz y le dio los buenos días, él
la saludo y sonrió también y luego me miro
a mi con alegría, con la dignidad de un hombre saludado
por una hermosa mujer
.
El
punto que quería exponer es que tal vez la santidad
no tenga nada que ver con resolver los problemas de otros
sino más bien con compartir nuestra condición
con los que tenemos al frente
tal vez el cariño
de un ser amado no nos quite el dolor, pero por Dios que
lo hace llevadero.