La economía social de mercado, como su nombre lo
indica, está basada precisamente en "el mercado",
y éste en su transparencia.
El
Estado de Chile se anticipó por mucho a los demás
países del mundo, en establecer un régimen
económico basado en la libertad y en el mercado.
Llevamos más de treinta años en este sostenido
intento, muy rebatido por algunos, pero que está
dando buenos frutos; transformándose para nosotros,
los chilenos, en la gallina de los huevos de oro.
Los
regímenes socialistas de la Concertación,
han tenido la valentía de mantener, a todo costo,
este sistema económico, lo que ha redundado a dar
más estabilidad y más riqueza a los chilenos.
Esto sin desmedro de reconocer que se ha producido una mayor
disparidad en la distribución de esta riqueza. Esta
desigualdad pasa en gran medida por la intervención
de los mercados. Así pasó con la quiebra de
la banca en los años 80 y el tremendo esfuerzo que
realizó la mediana empresa para salvarles el pellejo.
Volvió a pasar a mediados de los 90 en la misma forma,
interviniendo a favor de la banca no ya para salvarles el
pellejo ahora a la mediana empresa, sino para terminar de
sacárselo. Por último, por la falta de transparencia
en los mercados monopólicos, se ha producido una
concentración de capitales que amenaza fuertemente
el desenvolvimiento del sistema.
Esta
concentración de capitales no sólo lo podemos
ver en la banca, sino que también en las cadenas
de grandes tiendas, líneas aéreas, en la bolsa,
las Isapres, etc.
La
forma que tiene el Estado para mantener vigoroso el libre
mercado, es velar por su transparencia. Sin embargo, a pesar
de los resabios socialistas con su economía dirigida,
que interviene los mercados con el poder y el dinero del
Estado, es loable reconocer que los ministros de economía
y hacienda, no se han dejado seducir y han sido capaces
de mantener el rumbo del mercado libre. Pero por otra parte,
los mecanismos que posee el Estado para hacer que el mercado
se mantenga transparente, muy especialmente los monopólicos,
y que son las SUPERINTENDENCAS, no siempre han sido tan
afortunadas.
Con
relación a las Isapres, que como empresas privadas
han funcionado relativamente bien; cada día se aprecia
una mayor presión para hacer abundar sus ingresos
en desmedro de legítimos desembolsos a sus afiliados.
Ante situaciones de abierta injusticia, los afiliados se
sienten burlados e impotentes, haciendo responsable al sistema
de libre comercio en lugar de la falta de competitividad.
A estos afiliados, les queda el largo camino del reclamo
y posterior solicitud de intervención de la Superintendencia
de Isapres, ahora Superintendencia de Salud.
La
Superintendencia de Salud, se encuentra abarrotada de reclamos
con los 4,5 millones de afiliados a las Isapres y ahora,
sin aumentar sus recursos, ve con horror aumentar en 9 millones
más de afiliados proveniente del FONASA (por ello
el cambio de nombre). Todo esto, sobrealimentado por el
hecho que las Isapres dejan de pagar para producir la queja,
ya que si ésta le es desfavorable, ellas ganan igual
el interés del capital demorado en pagar sin multa
alguna; mientras más se demora la Superintendencia
en resolver, más intereses ganan las Isapres, lo
que las estimula a producir más quejas y así
sucesivamente.
Los
gobiernos socialistas deben hacer un esfuerzo por entender
el funcionamiento del libre mercado y actuar para defenderlo.
Entendemos que es difícil cogobernar con parlamentarios
que aun piensan que la salud debe ser gratis, como que si
el hecho de que la pague el Fisco fuera gratis y seguir
con el subsidio a la oferta (médicos) en lugar de
subsidiar a la demanda (pacientes). Mantengamos los mercados
transparentes, muy especialmente los forzosamente monopólicos,
que se hace a través de las Superintendencias. Apretemos
aquí a fondo en tiempo y en forma, para hace de estos
mercados instrumentos transparentes y confiables.