En
la primera parte vimos la necesidad de individualizar los
adversarios en la discusión del tema del cautiverio
del general Pinochet en Londres. Ellos son, por una parte
los que pertenecen el mundo libre y por otra, los marxistas
internacionales. Nos es un problema entre naciones. Además
vimos la necesidad de estimular la ideología del
mundo libre y compararla con la fracasada ideología
marxista.
En
esta 2º parte creo que es conveniente meditar en un
principio que ha sido muy vilipendiado. El Nacionalismo.
El solo nombrar la palabra, ya es como aterradora, se viene
a la cabeza Hitler, el superhombre y el antisemitismo. Nada
de eso.
Para
ver seriamente el tema del nacionalismo, creo que debemos
remontarnos a la importancia del ser humano y al reconocimiento
de su trascendencia. Quienes no aceptan este principio,
atacan vehementemente al Nacionalismo, haciéndose
eco de una propaganda banal.
Veamos,
la concepción de un ser humano, milagro como formación
de vida y milagro como vida trascendente, en que se formó
una vida carnal, se creó un alma y además
encarnó un espíritu; es tal vez lo más
importante en el desarrollo de la creación, toda
vez que este cuerpo, alma y espíritu pretende volver
a Dios constituyéndose así en su fin último,
la Gloria de Dios.
Así
de importante es la formación y desarrollo de un
ser humano. Y por esta misma razón es importante
el cumplimiento y defensa de los "Derechos Humanos".
Siendo el primero de ellos, el derecho a la vida y por consiguiente
la negación del aborto. ¿Los que dicen defender
los derechos humanos, son partidarios o no del aborto?
El
segundo Derecho Humano, es el respeto al embarazo y a su
entorno que lo cuida; la madre. Los derechos de la madre
durante el embarazo.
El
tercero, es el derecho de la criatura después del
nacimiento, la familia. La familia se fundamente en la protección
de sus hijos. Todo lo que se pueda hablar, pensar o legislar
en favor de la familia, tiene aquí su razón
de ser; la protección de un ser trascendente.
Y
así seguimos, la protección del embrión
es su madre, la protección de la madre y su hijo
es la familia, la protección de la familia es la
organización comunal; la protección de ésta,
es el país; la protección de los países
es la nación, la protección de las naciones
es la "Organizaciones de la Naciones Unidas" y
que en realidad debiera llamarse "Catolicismo"
(que significa universal, no confundir con la religión);
más aun, la ecología protegiendo el planeta
Tierra. Pero aquí vamos... la humanidad tratando
de perfeccionarse en cada uno de estos niveles.
El
problema del marxismo, para nosotros los del mundo libre
y creyente, es que para él y sus seguidores los socialistas,
nada de esto es válido ya que no concuerdan con nuestra
partida, cual es, la trascendencia del ser humano.
Para
el Marxismo, el comunismo está en lugar del Catolicismo.
Su diferencia básica, ya lo dijimos, para el comunismo
el ser humano no es trascendente. El comunismo es netamente
materialista, por lo que el ser humano nace, vive, muere
y no hay más nada. Por lo tanto, el "Cielo"
debe buscarse en la vida terrenal y se llamará "Utopía".
Para lograrla, ya vimos en la primera parte de este escrito,
se requiere la lucha de clases, o sea entre otros, la muerte
para toda la burguesía. Este es el fin último
del marxismo, pero en el camino, favorece el aborto, ataca
la familia, no concuerda con los principios nacionalistas,
favorece a la "globalización" desindentificada
y alienada, concurre a la perdida de los valores propios
de cada cultura, suprime las religiones y por último
oprime al hombre creativo, individual y de espíritu
libre. Sólo acepta al estado comunista, liderado
por la esclavitud del proletariado. El comunismo es hueco,
no tiene valores éticos y ya está más
que claro, es una cultura de la muerte.
El
nacionalismo visto desde la perspectiva del mundo libre,
forma parte de la cadena de protección que permite
al ser humano constituirse, a través del amor en
la Gloria de Dios.
Cuidado
entonces con la propaganda antiproteccionista del ser humano:
la campaña a favor del aborto, la de la destrucción
de la familia, la pérdida de la soberanía,
el antinacionalismo, y por último el anticatolicismo.
Al
contrario, la protección del hombre, protege su vida,
su capacidad de amar y por ende, su libertad.