Francisco Bascuñán Letelier
Abril 1991
El valor de nuestra moneda, es una medida de nuestra producción,
de tal forma que a una determinada producción corresponde
un determinado valor de nuestra moneda, el peso chileno.
Así,
si se aumentan los sueldos en aras de la justicia social,
se produce inflación; y si se aumenta el gasto social
del Estado, también hay inflación. Para atajar
la inflación, el Banco del Estado sube los intereses,
argumentando que la economía está recalentada,
que estamos creciendo demasiado rápido, etc.- Con
ello, además de pretender atajar la inflación,
se procede a detener la producción, y esto produce
una baja en los sueldos o bien un aumento de la cesantía.
Nos
encontramos aprisionados entre la inflación y la
cesantía, enfrentándonos, al mismo tiempo,
a aumentar el nivel de producción y de inversión,
ya que ambas van intrínsicamente ligadas.
Al
tratar el tema de la inversión es donde creemos que
a nuestros economistas se les olvidó un apéndice
importantísimo de la economía social de mercado,
y que dice relación con la "capacidad de un
pueblo para ser rico".
El
tema de la inversión debe ser tratado bajo sus dos
lineamientos fundamentales: el capital y el trabajo.
Se
ha dado énfasis en la inversión en maquinarias
o en valores, y se ha cuidado en forma esmerada la recuperación
de la banca. Todos los chilenos hemos hecho un importante
esfuerzo a tal fin. El olvido se ha producido en lo referente
a la necesaria inversión en capacitación,
único medio que permite a un trabajador ser más
rico.
Nuestra
dignidad humana, exige que un trabajador chileno aumente
su poder adquisitivo entre cinco y más veces el actual;
pero ello debe ser ganado. El mayor dinero que un trabajador
reciba tiene que estar respaldado por su mayor producción,
en caso contrario sólo recibe más cantidad
de monedas de menor valor cada una. El valor de la moneda
es una medida de la producción.
Esta
inversión en capacitación es tal vez la única
bandera de lucha que debieran tener los trabajadores para
resolver sus problemas económicos. No hay otra manera
de ser más ricos que no sea produciendo más,
con el mismo esfuerzo y en el mismo período de tiempo.
El
problema de la capacitación no se puede resolver
en una sociedad libre de mercado, sin pegar un primer empujón.
Esto debido a que a un trabajador se le debe pagar para
que se capacite en lugar de cobrarle, y se le debe pagar
un monto equivalente a como si estuviera trabajando, de
tal modo que pueda seguir alimentando a su familia.
La
crisis de 1981 quebró a Chile en dos flancos, uno
a nivel de la banca y el otro a nivel del trabajo.
Para
resolver el nivel de la banca privada, el gobierno salió
a su ayuda resueltamente para evitar su quiebra. El costo
directo fue alrededor de los tres mil millones de dólares
y el indirecto, tenemos entendido que bordea los seis mil
millones.
Pues
bien, consideramos que se debe tomar conciencia en que Chile
entero se debe esforzar otro tanto, para salir en ayuda
de la educación de oficio o capacitación profesional,
que las empresas privadas deben tomar este tema como un
verdadero desafío y que las autoridades de gobierno
deben corregir la forma de hacer "ajustes" por
ser ineficaces, produciendo cesantía, disminuyendo
la producción y por lo expuesto agravando el problema
que se pretendió resolver. En su lugar, tomar el
toro por las astas, cual es el de dar a los trabajadores
chilenos "la capacidad para ser más ricos",
a través de un gran plan nacional de capacitación
con un costo del orden de los tres mil millones de dólares
a ser invertidos en tres años. Para resolver este
problema se requiere, ante todo, una verdadera "voluntad
política".